
Tabú no se acaba solo continuará su camino por otro nuevo, a Tabú le gustan los desafíos y aceptó este que es muy grande.
Gracias a todos.




No olviden que pueden hacer un hermoso regalo para este jueves 14 de febrero Día de los Enamorados regalando Cuaderno Tabú, Bitácora de lo Prohibido.
Historia N°6
Mi marido y yo éramos un par de adolescentes que recién experimentaban ese manjar llamado sexo, cuando nos fuimos de vacaciones con su familia al sur, de más esta decir que por ningún motivo esa familia, campesina, católica, de tradiciones natas, nos dejaría dormir juntos. Los primeros días no tuvimos problemas, pero ya pasada una semana, estábamos como leones enjaulados, nos escapábamos en cada oportunidad que podíamos, al establo, a una loma o a la orilla del río, el problema es que siempre llegaba alguien y nuestras incursiones no pasaban del "atraque".
La estadía se hacía larga, las noches eternas, nadie lo notaba, todo el mundo lo pasaba bien y nosotros sólo reíamos escondiendo la calentura contenida, sin poder dormir, toqueteándonos bajo la mesa.
Era tanta la desesperación que un día mi pololo me dice que vamos a tirar sea como sea y sea donde sea, ya le dolía el pene de tanto traerlo duro casi todo el día. Y comenzamos a caminar a campo traviesa, subiendo y bajando lomas, rodeando árboles y riachuelos hasta que dimos con el lugar ideal, una plantación de sandías en donde no había ni un alma.
Nos tiramos al suelo y sin mayor preámbulo mi pololo saca su vara tiesa del pantalón y por fin comenzó la fiesta. El deseo contenido hizo que gritara dos "Viva Chile" de corrido y que mi pololo acabara gritando a toda voz "Cochemimadre, conchemimadre, ay por fin, ay por fin".
Nos quedamos quietos unos segundos abrazados, mi pololo encima mío aún, hasta que escuchamos la respiración de un animal, al levantar la mirada vimos frente a frente la cabeza de un caballo que en su lomo llevaba un huaso, de sombrero, poncho, rebenque y escopeta, que nos dice muy brutamente: "Salgan de aquí lo guevones que estas son mis tierras" y da un escopetazo al aire. En dos segundos corríamos por la plantación pa fuera, mi pololo a poto pelado subiéndose los pantalones y yo con los calzones en las rodillas, me saqué la cresta en el barro. Llegué a la casa toda revolcada.
Ahí probé en carne propia el dicho de pueblo chico infierno grande, al otro día todo el mundo sabía (huaso hocicón), y cuando iba a la plaza o a comprar al negocio del pueblo, unas chinas me miraban y se reían tapándose la cara y otras me hacían desprecios.
Nunca más volví a ese pueblo, más el escándalo por una cachita loca… igual estuvo rica.
Historia enviada por Romina Millán, jueves 17 de enero.
Historia N°7
Tenía 20 años y aún no había tenido relaciones sexuales, pero con mi pololo ya estábamos experimentando ciertas cosas como el extraño "sexo con ropa".
Mi pololo tenía cierta experiencia en la cama, yo en cambio nada, pero trataba de no mostrarme tan tonta a la hora de jugar a la niña grande.
Tenía millones de preguntas acerca del sexo, pero a él no le preguntaba nada por miedo a quedar como cabra chica.
Pero mi silencio no fue suficiente, porque un día mientras jugábamos acaloradamente y mi pololo comenzó a gritar "me voy, me voy", y yo, que estaba arriba de él, me asusté, me paré y le dije "a dónde, a dónde".
Uf!!! No sé cómo siguió conmigo, aunque aún se ríe cuando recuerda ese día.
Historia enviada por Valery, jueves 24 de enero.